Viento

Corriente de aire que se produce en la atmósfera por diversas causas naturales. El viento es causado por las diferencias de temperatura existentes al producirse un desigual calentamiento de las diversas zonas de la Tierra y de la atmósfera. Las masas de aire más caliente tienden a ascender, y su lugar es ocupado entonces por las masas de aire circundante, más frío y, por tanto, más denso. Se denomina propiamente “viento” a la corriente de aire que se desplaza en sentido horizontal, reservándose la denominación de “corriente de convección” para los movimientos de aire en sentido vertical. La dirección del viento depende de la distribución y evolución de los centros isobáricos; se desplaza de los centros de alta presión (anticiclones) hacia los de baja presión (depresiones) y su fuerza es tanto mayor cuanto mayor es el gradiente de presiones. En su movimiento, el viento se ve alterado por diversos factores tales como el relieve y la aceleración de Coriolis.

Temporales mediterráneos

Llevant. El temporal de Llevant es una especie de galerna mediterránea de las costas catalana y balear. Suele producirse de diciembre a mayo, de forma inesperada y rápida. Se pasa de viento del suroeste con cielo despejado y agradables temperaturas a un nordeste frío con violentas rachas de hasta 198 Km/h (1960). Se levanta un fuerte oleaje, muy peligroso para los barcos pequeños y ha causado muchos daños en los puertos de estas zonas. Así, por ejemplo, en febrero de 1948 un temporal de este tipo destruyó 50 m de escollera del puerto de Barcelona, haciendo desaparecer 4000 bloques de hormigón de 60 toneladas cada uno.

Tramontanada. La tramontana es un viento frío del nordeste o norte que sopla sobre las costas de Baleares y Cataluña. Puede durar varios días con vientos muy seguidos y rachas de más de 100 Km/h.

Levante. Es un viento persistente que sopla del Este. Son muy frecuentes en el mar de Alborán y en el Estrecho. Pueden llegar a alcanzar los 120 Km/h, provocando situaciones muy incómodas para la navegación.

Temporales atlánticos

Borrascas. Las borrascas llegan del Atlántico y afectan especialmente a Galicia y a la cornisa Cantábrica. En algunos casos proceden de la fase final de ciclones tropicales que comienzan en la zona ecuatorial, junto a las costas de Africa, suben hacia el Caribe y las costas atlánticas de Norteamérica y de allí giran hacia la Península. Normalmente para cuando llegan al centro del Atlántico en su viaje hacia España, ya han perdido fuerza y dejan de llamarse ciclones, pero el resto que queda es todavía una fuerte borrasca. Así, por ejemplo, con los ciclones Hortensia y Klaus (1984) soplaron rachas de 150 Km/h.

Galernas. Son temporales repentinos que afectan a la costa Cantábrica y al Golfo de Vizcaya. Producen vientos racheados de hasta 180 Km/h. Cuando se produce este temporal se pasa bruscamente de suaves vientos del sur a huracanados vientos del NO, con un cielo despejado a chubascos tormentosos. La mar pasa a marejada o mar gruesa en muy poco tiempo. Se producen entre mayo y octubre y provocan naufragios (en 1912, por ejemplo murieron más de 100 pescadores de Bermeo) y graves inundaciones en las ciudades portuarias.

Vendaval. Se llama así a los vientos racheados que se producen en ocasiones en la zona del golfo de Cádiz y del bajo Guadalquivir. Se producen cuando se acercan borrascas fuertes por las costas portuguesas.

Torbellinos locales

Tornados. Aunque son muy poco comunes en España, alguna vez se han producido, por ejemplo el 27 de diciembre de 1978 en el aeropuerto de Sevilla. En este fenómeno meteorológico, el aire gira (torna) alrededor de un eje con gran fuerza, en un estrecho y alto remolino. Son muy destructivos y hubo uno en EEUU, en 1925, que provocó la muerte de 489 personas y destrucción de bienes a lo largo de 352 kilómetros. Se suelen formar en grupos y se han descrito formaciones de hasta 37 tornados en un día.

Trombas marinas. Se llama así a la prolongación en forma de tubo de nubes de hasta 200 m de diámetro y unos 1000 m de altura, que se sitúa entre la base de un cumulonimbo y la superficie del mar. Suelen durar una media hora, pero sus efectos son devastadores. Eran muy temidas por los antiguos veleros que solían disparar balas de cañón, sin mucha eficacia, con el intento de dispersarlas. Son típicas de aguas cálidas y en el Mediterráneo se producen en ocasiones. Los pescadores de Baleares las llaman “fiblo” o “aguijón”.